Nikolái Gógol
Por dónde empezar a leer a Nikolái Gógol: El capote. Después, en orden de lectura: La nariz, El inspector, Mirgorod, Taras Bulba y Almas muertas.
Por qué importa
Gógol inventó una forma de mirar que la literatura rusa heredó entera: el funcionario insignificante convertido en tragedia, el absurdo cotidiano contado con total seriedad y la risa que acaba en escalofrío. «Todos salimos de El capote», se atribuye a Dostoievski, y la frase se queda corta: Kafka, Bulgákov o Nabokov le deben mucho. Su prosa mezcla lo cómico, lo fantástico y lo moral de una manera que todavía resulta extrañísima y moderna. Leerlo es entender de dónde nace buena parte de la novela rusa, y además es muy divertido.
Por dónde empezar a leer a Nikolái Gógol
Empieza por «El capote». Es un relato breve, se lee en una tarde y contiene a Gógol completo: Akaki Akákievich, el copista humillado que lo apuesta todo a un abrigo nuevo, el humor que se vuelve compasión y un final fantasmal que rompe el realismo. Si te atrapa, el resto de su obra se abre solo.
Sus obras, en orden de lectura
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El capote 1842 Empieza aquí
Es el cuento fundacional del realismo ruso y también su primera grieta hacia lo fantástico. Es breve, conmovedor y muy cómico. Es la puerta de entrada perfecta.
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La nariz 1836 Accesible
Un asesor colegiado se despierta sin nariz y la descubre paseando por San Petersburgo con uniforme de alto funcionario. Es surrealismo un siglo antes del surrealismo, contado con una seriedad impasible que lo hace aún más gracioso. Junto a «El capote», es lo mejor de sus cuentos petersburgueses.
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El inspector 1836 Accesible
En esta comedia, un don nadie es confundido con un inspector del gobierno y toda una ciudad de provincias corrupta se arrastra ante él. Es una de las grandes sátiras teatrales de la historia, funciona como un reloj y no ha perdido vigencia. Se lee con agilidad y es ideal para ver al Gógol más directo.
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Mirgorod 1835 Intermedia
Esta colección de relatos ucranianos va de la melancolía idílica de «Terratenientes de antaño» al terror folclórico de «Viy» y a la comedia de la riña entre los dos Iván. Es más irregular que los cuentos de San Petersburgo, pero muestra su raíz ucraniana y su gusto por lo sobrenatural.
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Taras Bulba 1835 Intermedia
Novela corta épica sobre los cosacos zaporogos, un atamán y sus dos hijos. Tiene escenas de batalla de enorme fuerza y un tono de cantar de gesta, aunque su exaltación guerrera, su nacionalismo y algunos pasajes antisemitas y antipolacos han envejecido mal. Es poderosa, pero menos original que el resto de su obra.
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Almas muertas 1842 Exigente
Es su obra cumbre. Chíchikov recorre la Rusia provinciana comprando siervos muertos que siguen figurando en el censo, y cada terrateniente que visita es un retrato grotesco inolvidable. La digresión y el estilo exuberante exigen paciencia. Gógol nunca terminó la segunda parte, que quemó y de la que solo quedan fragmentos, así que conviene leer la primera como una obra completa. Es imprescindible.
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