Mary Shelley
Por dónde empezar a leer a Mary Shelley: Frankenstein o el moderno Prometeo. Después, en orden de lectura: El mortal inmortal, Mathilda, El último hombre y Falkner.
Por qué importa
Mary Shelley escribió con diecinueve años la novela que fundó la ciencia ficción moderna y le dio a la cultura occidental uno de sus mitos más duraderos: el creador que abandona a su criatura. Pero no es autora de un solo libro. Su obra trata una y otra vez la soledad, la culpa, la responsabilidad del conocimiento y el duelo, que ella vivió de sobra: perdió a varios hijos y a su marido muy joven. Con El último hombre inventó la novela apocalíptica de la pandemia; en sus relatos jugó con la inmortalidad y lo gótico, y en sus novelas tardías exploró, con menos fortuna pero con interés, los vínculos entre padres e hijas. Leerla más allá de Frankenstein permite descubrir a una pensadora seria y melancólica, menos efectista que su leyenda.
Por dónde empezar a leer a Mary Shelley
Empieza por Frankenstein, sin rodeos: es su obra cumbre, se lee con fluidez y nada tiene que ver con las películas. La criatura habla, razona y sufre, y su relato central es lo mejor del libro. Si puedes, busca una edición que siga el texto original y no la revisión posterior, más moralizante.
Sus obras, en orden de lectura
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Frankenstein o el moderno Prometeo 1818 Empieza aquí
Obra imprescindible. Novela epistolar con narraciones encajadas: Walton, Victor y la criatura. Es una meditación sobre la ambición científica, el abandono y la exclusión, y tiene una carga emocional que el cine ha borrado casi del todo. Algunos tramos de Victor lamentándose se hacen largos, pero el conjunto sigue siendo poderoso.
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El mortal inmortal 1833 Accesible
Relato breve e irónico sobre un aprendiz del alquimista Cornelius Agrippa que bebe un elixir y descubre que la eternidad es una condena: ve envejecer a la mujer que ama. Una muestra amena de su faceta de cuentista y una buena pausa entre las novelas grandes.
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Mathilda 1959 Accesible
Novela corta, intensa e incómoda, sobre una joven y la pasión incestuosa de su padre, narrada desde la desesperación. Su padre, Godwin, se negó a publicarla y vio la luz más de un siglo después. Es su texto más íntimo y desolado, muy marcado por el duelo de la autora.
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El último hombre 1826 Exigente
Su otra gran novela y la más ambiciosa. Narra el fin de la humanidad por una plaga a finales del siglo XXI, y en sus personajes asoman retratos velados de Percy Shelley y de Byron. La primera mitad, política y lenta, exige paciencia; la segunda, con la peste avanzando y la soledad absoluta, es extraordinaria. La crítica la ha revalorizado mucho.
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Falkner 1837 Intermedia
Su última novela: un hombre atormentado por una culpa del pasado y la hija adoptiva que lo redime. Es más convencional y sentimental, cercana a la novela doméstica de su época, y solo interesará a quien quiera conocerla a fondo. Es una obra menor, aunque retoma con oficio su tema de siempre, la relación entre padres e hijas.
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