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Expediente de autor

Iván Turguénev

Novelista y cuentista ruso (1818-1883), el más occidental y mesurado de los grandes clásicos rusos. Autor de «Padres e hijos», «Memorias de un cazador» y «Primer amor».

Por dónde empezar a leer a Iván Turguénev: Primer amor. Después, en orden de lectura: Memorias de un cazador, Rudin, Nido de nobles, Padres e hijos y Aguas de primavera.

Por qué importa

Turguénev es el clásico ruso más fácil de querer. Escribe novelas breves y de prosa transparente, con paisajes muy hermosos y una melancolía contenida, sin la desmesura de Dostoievski ni la amplitud de Tolstói. Fue además un cronista finísimo de su época. Sus novelas recogen, generación tras generación, los debates de la intelectualidad rusa: el idealista que habla mucho y no actúa, el nihilista que lo niega todo, el revolucionario que va al pueblo. Para eso inventó tipos humanos que siguen vivos, como Bazárov. También es un maestro del amor frustrado: sus mujeres suelen tener más carácter y más valor que los hombres que las rodean. Lo malo es que a veces le falta ambición, y sus novelas tardías («Humo», «Tierras vírgenes») tienen más tesis que vida. Aun así, lo mejor de su obra es imprescindible.

Por dónde empezar a leer a Iván Turguénev

Conviene empezar por «Primer amor», una novela corta que se lee en una tarde. Un adolescente se enamora de una joven vecina y descubre un secreto que le cambia la vida. Tiene todo Turguénev en pocas páginas: la nostalgia, la crueldad del deseo y una prosa limpísima. Si engancha, el camino natural lleva a «Padres e hijos».

Sus obras, en orden de lectura

  1. Primer amor 1860 Empieza aquí

    Una novela corta perfecta y autobiográfica, sobre el despertar amoroso de un muchacho y una revelación dolorosa. Es la mejor puerta de entrada: breve, intensa y muy moderna en su ambigüedad.

  2. Memorias de un cazador 1852 Accesible

    Relatos y estampas del campo ruso contados por un cazador que recorre fincas y aldeas. Retratan con humanidad a los siervos y con ironía a los terratenientes, y su crítica de la servidumbre tuvo eco político. Se puede leer a saltos: «Bezhin Lug» y «Los cantores» son joyas.

  3. Rudin 1856 Accesible

    Su primera novela, centrada en un orador brillante que deslumbra a todos pero no sabe pasar de las palabras a los hechos. Es el retrato clásico del «hombre superfluo». Resulta algo esquemática, pero ayuda a entender todo lo que vino después.

  4. Nido de nobles 1859 Intermedia

    Quizá su novela más lírica: un hombre vuelve a su finca tras un matrimonio desastroso y encuentra un amor imposible. Es elegíaca, contenida y de una belleza serena, y fue muy celebrada en Rusia. Tiene menos tensión de ideas que «Padres e hijos», pero más ternura.

  5. Padres e hijos 1862 Intermedia

    Su obra maestra. El choque entre la vieja generación liberal y el joven nihilista Bazárov, uno de los grandes personajes de la novela rusa. Indignó a la vez a progresistas y a conservadores, y sigue siendo sorprendentemente actual y emotiva.

  6. Aguas de primavera 1872 Accesible

    Novela corta de madurez. Un ruso de paso por Fráncfort se enamora de una joven pastelera italiana, y una mujer fatal lo hace caer. Recupera la vena amorosa y nostálgica de «Primer amor» y es mejor que sus novelas políticas tardías, «Humo» y «Tierras vírgenes», que solo merecen la pena para completistas.

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