Gustave Flaubert
Por dónde empezar a leer a Gustave Flaubert: Tres cuentos. Después, en orden de lectura: Madame Bovary, La educación sentimental, Bouvard y Pécuchet, Salambó y La tentación de san Antonio.
Por qué importa
Flaubert es el escritor que convirtió la novela en un arte de precisión. Buscaba siempre la palabra justa y no se dejaba ver en el texto. Gracias a su estilo indirecto libre, los pensamientos de los personajes se cuelan en la voz del narrador. Sin él no se explican Proust, Joyce, Kafka ni buena parte de la narrativa moderna. Además es un satírico feroz de la estupidez burguesa y del lugar común, y esa vena sigue sonando muy actual. Escribió poco y con un perfeccionismo obsesivo, así que casi todo lo que publicó merece la pena. Eso sí, no todo es igual de amable: junto al realismo de sus novelas contemporáneas conviven fantasías históricas recargadas que hoy cuestan más.
Por dónde empezar a leer a Gustave Flaubert
Lo mejor es empezar por «Tres cuentos». Son tres relatos breves y perfectos que, en pocas páginas, resumen todo su registro: el realismo provinciano en «Un corazón sencillo», la leyenda medieval en «La leyenda de san Julián el Hospitalario» y la Antigüedad suntuosa en «Herodías». Si te convence, pasa directamente a «Madame Bovary».
Sus obras, en orden de lectura
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Tres cuentos 1877 Empieza aquí
La mejor puerta de entrada. «Un corazón sencillo», la vida de una criada humilde contada con una ternura nada sentimental, es una de las cimas del relato breve en cualquier lengua. Los otros dos cuentos anticipan el Flaubert histórico y legendario.
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Madame Bovary 1857 Accesible
Su obra maestra indiscutible y la novela realista por excelencia. Emma, una mujer de provincias que se ahoga en sus sueños románticos, protagoniza un retrato implacable del aburrimiento y la vulgaridad. Se lee con fluidez, pero conviene ir despacio para apreciar la construcción de cada escena, como los comicios agrícolas.
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La educación sentimental 1869 Intermedia
La gran novela de la desilusión: Frédéric Moreau deja pasar el amor, la ambición y la revolución de 1848 sin llegar a vivir de verdad nada de ello. Es más lenta y deliberadamente anticlimática que «Bovary», y por eso hay quien se aburre con ella. Para muchos críticos, sin embargo, es su libro más moderno y profundo.
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Bouvard y Pécuchet 1881 Exigente
Dos copistas jubilados intentan dominar todos los saberes, de la agricultura a la filosofía, y fracasan en todos. Es una sátira enciclopédica de la estupidez, divertidísima a ratos y repetitiva en otros. Quedó inacabada y es mejor leerla junto al «Diccionario de lugares comunes», que iba a formar parte de ella.
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Salambó 1862 Exigente
Una Cartago fastuosa y sangrienta durante la guerra de los mercenarios. Es un despliegue de erudición y crueldad con descripciones deslumbrantes, pero tiene personajes más bien estatuarios. Hoy resulta recargada y está algo sobrevalorada frente a sus novelas contemporáneas. Solo para quien ya sea flaubertiano.
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La tentación de san Antonio 1874 Exigente
Es el proyecto de toda su vida, reescrito varias veces: un poema dramático en prosa que hace desfilar ante el eremita herejías, dioses y monstruos. Tiene pasajes visionarios que fascinaron a los simbolistas, pero es más un desfile de visiones que un relato. Es la lectura más exigente de toda la ruta.
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