Francisco de Quevedo
Por dónde empezar a leer a Francisco de Quevedo: Historia de la vida del Buscón. Después, en orden de lectura: Sueños y discursos, Discurso de todos los diablos, Obra poética y La hora de todos y la Fortuna con seso.
Por qué importa
Quevedo es quizá el escritor con más dominio del idioma de toda la literatura española. Ningún otro autor del Barroco retorció tanto el castellano: lo comprime en conceptos, lo llena de dobles sentidos y lo vuelve grotesco o sublime según le convenga. Su obra tiene dos caras que no se pueden separar. Por un lado está el satírico feroz, que se burla de médicos, alguaciles, letrados, cornudos y advenedizos con una crueldad que todavía hace reír y a veces incomoda. Por el otro, el poeta metafísico obsesionado con el tiempo, la muerte y un amor capaz de sobrevivir a la muerte («polvo serán, mas polvo enamorado»). Leerlo exige paciencia con el lenguaje del siglo XVII y tolerancia ante sus prejuicios: misoginia, antisemitismo y desprecio de clase aparecen sin disimulo. A cambio ofrece una energía verbal que sigue sin tener rival.
Por dónde empezar a leer a Francisco de Quevedo
Lo mejor es empezar por el Buscón. Es breve y tiene un hilo narrativo claro: las andanzas de un pícaro segoviano que quiere ser caballero. Además concentra en pocas páginas todo el ingenio verbal y la crueldad cómica de Quevedo. Conviene leerlo en una edición anotada, porque los juegos de palabras se pierden sin notas.
Sus obras, en orden de lectura
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Historia de la vida del Buscón 1626 Empieza aquí
Es la cumbre de la novela picaresca junto al Lazarillo y la obra más leída de Quevedo. A diferencia del Lazarillo, aquí no hay compasión por el pícaro. Pablos fracasa una y otra vez en su intento de ascender socialmente, y el narrador disfruta humillándolo. El capítulo del dómine Cabra y su hambre es una de las páginas más célebres del español. Hay que leerlo con notas.
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Sueños y discursos 1627 Intermedia
Son cinco visiones satíricas, entre ellas El sueño del Juicio Final, El alguacil endemoniado y El mundo por de dentro, en las que el narrador recorre el infierno o el mundo y desenmascara a todo tipo de oficios e hipocresías. Funciona como un desfile de caricaturas, ingeniosísimo pero algo repetitivo si se lee de corrido. Es mejor tomarlo por sueños sueltos.
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Discurso de todos los diablos 1628 Intermedia
También se conoce como El entremetido, la dueña y el soplón y prolonga el mundo de los Sueños. Lucifer convoca a sus diablos, y el infierno sirve de espejo deformante de la corte. Es más amargo y caótico que los Sueños, y conviene leerlo después de ellos, como complemento.
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Obra poética 1648 Exigente
Aquí está el Quevedo más grande. Recoge los sonetos morales sobre la fugacidad de la vida («Ah de la vida… ¿Nadie me responde?»), los poemas de amor a Lisi, entre ellos «Cerrar podrá mis ojos la postrera sombra», y también letrillas y burlas como «Poderoso caballero es don Dinero» o el soneto a una nariz. El conceptismo es denso y pide relectura. Lo más práctico es empezar por una antología comentada y no por la obra completa.
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La hora de todos y la Fortuna con seso 1650 Exigente
Es su sátira de madurez. Júpiter decide que durante una hora cada uno reciba lo que merece, y la fortuna se pone a repartir con justicia. Es más política que los Sueños, porque pasa revista a las naciones europeas y a la decadencia de la monarquía española. Tiene una gran agudeza, pero sus muchas alusiones a la época la hacen difícil sin notas.
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