Carmen Martín Gaite
Por dónde empezar a leer a Carmen Martín Gaite: Entre visillos. Después, en orden de lectura: Nubosidad variable, El cuarto de atrás, Usos amorosos de la postguerra española, Retahílas y Caperucita en Manhattan.
Por qué importa
Martín Gaite convirtió la conversación en materia literaria. Nadie ha retratado como ella la asfixia de las mujeres en la España de provincias de la posguerra, la búsqueda de un interlocutor y la manera en que contamos nuestra propia vida. Empezó en el realismo crítico de los años cincuenta y fue derivando hacia una narrativa más libre, metaliteraria y lúdica, con algún guiño a lo fantástico. A eso hay que sumar una obra ensayística de historiadora de la vida cotidiana que sigue siendo lectura imprescindible. Escribe con una prosa cálida, irónica y muy oral, y por eso resulta cercana incluso cuando se pone experimental.
Por dónde empezar a leer a Carmen Martín Gaite
Entre visillos, Premio Nadal 1957, es la mejor puerta de entrada. Es breve, se lee con facilidad y ya contiene sus grandes temas: chicas de una capital de provincias que esperan novio tras los visillos, el tedio, la ciudad que vigila y la mirada de un forastero que lo ve todo desde fuera. Si te gusta, el resto de su obra irá ahondando en ese mismo terreno.
Sus obras, en orden de lectura
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Entre visillos 1958 Empieza aquí
Novela coral sobre la juventud femenina de una ciudad de provincias (trasunto de Salamanca) en pleno franquismo. Es realismo de los cincuenta, sobrio y lleno de diálogo, pero con una sensibilidad propia. Clásico indiscutible y el sitio natural por donde empezar.
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Nubosidad variable 1992 Accesible
Dos amigas de juventud se reencuentran en la madurez y se escriben cartas y cuadernos. Es su novela más accesible y tierna, y gira en torno a la amistad, la escritura como terapia y el balance de una vida. Es ideal para comprobar que su estilo tardío es tan disfrutable como el primero.
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El cuarto de atrás 1978 Intermedia
Su obra cumbre. Una noche de insomnio, la narradora recibe la visita de un misterioso hombre de negro y, conversando con él, reconstruye su infancia y juventud en la posguerra. Mezcla memoria, novela rosa, ensayo y juego fantástico (dialoga con Todorov). Exige atención, pero es una de las grandes novelas españolas de la Transición.
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Usos amorosos de la postguerra española 1987 Intermedia
Un ensayo ameno y documentadísimo sobre el noviazgo, la Sección Femenina, las revistas y las canciones con que se educó sentimentalmente a las mujeres del franquismo. Funciona como el reverso documental de sus novelas, y conviene leerlo junto a El cuarto de atrás.
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Retahílas 1974 Exigente
Durante una noche, en un pazo gallego donde agoniza la abuela, una mujer madura y su sobrino joven se alternan en largos monólogos. Casi no hay acción: es la conversación llevada al extremo, como necesidad vital. Es exigente y de ritmo lento, pero muy representativa de su poética del interlocutor.
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Caperucita en Manhattan 1990 Accesible
Una reescritura del cuento clásico en un Nueva York mágico, con una niña que quiere ser libre, una abuela excantante y un lobo pastelero. Se publicó como lectura juvenil, pero tiene una segunda lectura adulta sobre la libertad y el miedo. Es encantadora, aunque algo menor frente a sus novelas mayores. Ritmo lento y Lo raro es vivir son también obras más secundarias.
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