Antón Chéjov
Por dónde empezar a leer a Antón Chéjov: La dama del perrito y otros relatos. Después, en orden de lectura: El duelo y otros relatos, La gaviota, Tío Vania, Tres hermanas y El jardín de los cerezos.
Por qué importa
Chéjov cambió para siempre la forma de contar. En sus cuentos y en sus obras de teatro casi nunca pasa nada espectacular: gente corriente se aburre, se enamora a destiempo, sueña con irse a Moscú y nunca se va. En esa aparente quietud cabe una compasión enorme y una ironía muy fina, sin sermones ni moralejas. Medio mundo literario del siglo XX desciende de él, de Katherine Mansfield a Raymond Carver o Alice Munro, y su teatro de lo que no se dice sigue representándose en todas partes. Leerlo es aprender a mirar los pequeños fracasos de la vida con humor y ternura a la vez.
Por dónde empezar a leer a Antón Chéjov
Empieza por los cuentos, no por el teatro. «La dama del perrito» es el relato perfecto para entrar: una aventura de vacaciones en Yalta que, sin aviso, se convierte en el amor de una vida, contada en pocas páginas y con un final abierto que todavía se estudia. El volumen que lo acompaña reúne algunos de sus mejores relatos de madurez y te enseña el tono chejoviano antes de verlo trasladado a escena.
Sus obras, en orden de lectura
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La dama del perrito y otros relatos 1899 Empieza aquí
La mejor puerta de entrada. El relato que da título al libro es una obra maestra de la contención, y a su lado están cuentos de madurez como «Ionich» o «El hombre enfundado». Son breves, se leen solos y muestran ya todo su arte: personajes atrapados en la rutina y finales que se quedan suspendidos.
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El duelo y otros relatos 1891 Accesible
«El duelo» es una novela corta, casi un Chéjov de largo recorrido: un funcionario desencantado y un zoólogo darwinista que lo desprecia acaban enfrentados en el Cáucaso. Aquí el autor se acerca a los grandes debates morales de Tolstói y Dostoievski, pero sin dejar de dudar de todos.
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La gaviota 1896 Intermedia
La mejor forma de entrar en su teatro. Aspirantes a escritores y actrices, amores no correspondidos y un debate sobre el arte nuevo frente al viejo. Su estreno fue un fracaso sonado; luego el Teatro de Arte de Moscú la convirtió en un triunfo, y la gaviota acabó como emblema de esa compañía. Chéjov la llamó «comedia», y la ironía del subtítulo dice mucho.
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Tío Vania 1897 Intermedia
Quizá su obra de teatro más redonda y la más fácil de seguir: en una finca de provincias, un hombre descubre que ha sacrificado su vida por un profesor mediocre. Breve, intensa y con uno de los finales más conmovedores del teatro, el monólogo de Sonia sobre el descanso que llegará algún día.
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Tres hermanas 1901 Exigente
Tres hermanas que sueñan con volver a Moscú mientras la vida en una ciudad de guarnición se les escurre entre los dedos. Es la más coral y melancólica de sus obras: la acción casi desaparece y todo vive en lo que no se dice. Pide paciencia, o mejor aún verla representada, pero recompensa como pocas.
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El jardín de los cerezos 1904 Exigente
Su última obra y su testamento: una familia aristocrática arruinada ve cómo subastan su huerto de cerezos mientras un antiguo siervo se hace rico. Retrata el final de una época sin elegir bando, a medio camino entre la comedia y la elegía. Conviene llegar a ella tras las anteriores para apreciar del todo cómo equilibra la risa y la pérdida.
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