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Expediente de autor

Antón Chéjov

Rusia, 1860–1904 · Cuentista y dramaturgo · Médico de profesión, renovó el relato breve y el teatro moderno

Por dónde empezar a leer a Antón Chéjov: La dama del perrito y otros relatos. Después, en orden de lectura: El duelo y otros relatos, La gaviota, Tío Vania, Tres hermanas y El jardín de los cerezos.

Por qué importa

Chéjov cambió para siempre la forma de contar. En sus cuentos y en sus obras de teatro casi nunca pasa nada espectacular: gente corriente se aburre, se enamora a destiempo, sueña con irse a Moscú y nunca se va. En esa aparente quietud cabe una compasión enorme y una ironía muy fina, sin sermones ni moralejas. Medio mundo literario del siglo XX desciende de él, de Katherine Mansfield a Raymond Carver o Alice Munro, y su teatro de lo que no se dice sigue representándose en todas partes. Leerlo es aprender a mirar los pequeños fracasos de la vida con humor y ternura a la vez.

Por dónde empezar a leer a Antón Chéjov

Empieza por los cuentos, no por el teatro. «La dama del perrito» es el relato perfecto para entrar: una aventura de vacaciones en Yalta que, sin aviso, se convierte en el amor de una vida, contada en pocas páginas y con un final abierto que todavía se estudia. El volumen que lo acompaña reúne algunos de sus mejores relatos de madurez y te enseña el tono chejoviano antes de verlo trasladado a escena.

Sus obras, en orden de lectura

  1. La dama del perrito y otros relatos 1899 Empieza aquí

    La mejor puerta de entrada. El relato que da título al libro es una obra maestra de la contención, y a su lado están cuentos de madurez como «Ionich» o «El hombre enfundado». Son breves, se leen solos y muestran ya todo su arte: personajes atrapados en la rutina y finales que se quedan suspendidos.

  2. El duelo y otros relatos 1891 Accesible

    «El duelo» es una novela corta, casi un Chéjov de largo recorrido: un funcionario desencantado y un zoólogo darwinista que lo desprecia acaban enfrentados en el Cáucaso. Aquí el autor se acerca a los grandes debates morales de Tolstói y Dostoievski, pero sin dejar de dudar de todos.

  3. La gaviota 1896 Intermedia

    La mejor forma de entrar en su teatro. Aspirantes a escritores y actrices, amores no correspondidos y un debate sobre el arte nuevo frente al viejo. Su estreno fue un fracaso sonado; luego el Teatro de Arte de Moscú la convirtió en un triunfo, y la gaviota acabó como emblema de esa compañía. Chéjov la llamó «comedia», y la ironía del subtítulo dice mucho.

  4. Tío Vania 1897 Intermedia

    Quizá su obra de teatro más redonda y la más fácil de seguir: en una finca de provincias, un hombre descubre que ha sacrificado su vida por un profesor mediocre. Breve, intensa y con uno de los finales más conmovedores del teatro, el monólogo de Sonia sobre el descanso que llegará algún día.

  5. Tres hermanas 1901 Exigente

    Tres hermanas que sueñan con volver a Moscú mientras la vida en una ciudad de guarnición se les escurre entre los dedos. Es la más coral y melancólica de sus obras: la acción casi desaparece y todo vive en lo que no se dice. Pide paciencia, o mejor aún verla representada, pero recompensa como pocas.

  6. El jardín de los cerezos 1904 Exigente

    Su última obra y su testamento: una familia aristocrática arruinada ve cómo subastan su huerto de cerezos mientras un antiguo siervo se hace rico. Retrata el final de una época sin elegir bando, a medio camino entre la comedia y la elegía. Conviene llegar a ella tras las anteriores para apreciar del todo cómo equilibra la risa y la pérdida.

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Actualizado el 3 de octubre de 2026 Guía elaborada sobre datos bibliográficos verificados en OpenLibrary y Wikidata, y revisada a mano antes de publicarse. Los años son los de primera publicación. Si ves un error, escríbenos desde la app y lo corregimos.